Premisas existentes de que se ha podido econtrar la absuelta disolucion de soluciones intangibles que facinan a unos cuantos. Y a otros tontos. (palabras que te llenan la cabeza, y que no dicen nada). VIVE

9/08/2005

Incondicional Amor


Se ha ido hace ya más de un año un pedazo de mi corazón, y pese a que me alejo de la temática de este blog, valga esta despedida que es un desahogo final.

Siempre vivió conmigo, siempre le llamé tía, siempre me malcrió y regaloneó, mi viejita era en realidad mi abuelita, mi otra abuelita, una que nunca le gustó salir de la casa, una que no tuvo hijos, pero que crió. Una viejita chica porfiada y machista, italiana para sus enojos y sus pastas, mi viejita que pasé de porte muy rápido para besarla en su siempre suave y helada frente al llegar apurado desde el colegio, la que siempre murmuró, la que siempre, por culpa de un prematuro parkinson, tiritó al llevar su taza de leche, y que siempre fué querida por los gatos, la que me pegó sus mañas, (y es que como me enojaba que cerrara todo en la casa, y como cierro todo yo hoy como ella).

Sus historias están clavadas a fuego en mi corazón a base de repeticiones, y es que cada vez tenían más encanto y magia sus relatos cambiantes. Nunca se le conoció novio, y siempre rezó por todos, pero a su vez siempre odió a los gordos, y nunca comprendió por qué las mujeres actuales no ocupaban enaguas. Siempre incondicional, desde chico se rió de los hombres de pelo largo, llevándolos al nivel de mujercita, pero cuando yo decidí dejármelo, era “lindo”, jajaja….Bueno. de igual forma, cada barbón era llamado “cara de poto”, sin embargo, cuando decidí usarla, nuevamente fui “lindo”. Incondicional al presentar a mi primer amor oficial ya que la encontró “linda”, y la adoptó como “vanesha” para sus historias y besos.

Nunca le gustó salir, pero siempre se maquilló y sonrió, siempre agradeció un beso y una aclaración de donde iba, pero como soy hombre nunca tuve problemas de rezongas o algo por el estilo. Siempre respetó mi intimidad, a su estilo, haciéndose la lesa. La noche a su vez siempre fue sinónimo de maldad y un terreno que no debiese ser recorrido por las mujeres.

La empecé a perder de a poco, en sus últimos meses tuvo el maldito Alzheimer, que hizo que de a poco fuese perdiendo la memoria y admito en un momento fue un “problema” en la casa. Nos recomendaron llevarla a un hogar de ancianos, pero bastó un cruce de miradas con mi mamá para negarnos rotundamente. En sus últimos días, costaba que nos reconociese por momentos y empezó con algunas paranoias que igual causaban risas como la vez en que me llamó la atención y me acusó por supuestamente haber cambiado a mi polola, por una más alta, que resultó ser mi hermana que me avisaba donde iba a salir.

La perdí en uno de los momentos más felices que recuerde. Iba terminado mi práctica y viajamos a La Serena con mi vane, fueron días increíbles, de paz absoluta, hasta que después de un día mágico, al llegar a la pensión, nos encontramos con un mensaje de urgencia de mi madre en el celular. Inmediatamente miré esos ojos enormes y brillantes y entendí todo, llamamos y corroboramos nuestras sospechas, se marchaba mi tía, mi otra abuelita, la que vi a diario desde que nací. No estuve ahí, pero ahora no tengo remordimientos, sé que se fue tranquila, y que antes de marcharme de vacaciones me reconoció, no sé si recordó mi nombre, pero me tomó las manos, me miró y me dijo todo. Yo por mi parte en el ultimo tiempo, dentro de mi idiotez habitual, le dije todos los te quiero que pude.

Este es mi pequeño homenaje, a un ser lindo, casi anónimo, al que conoció muy poca gente, la que se dejó siempre cautivar por un ameno saludo en su pieza, a un pedazo de mi corazón.

Para Marta Brambilla.