Al maestro, con cariño

Debo admitir que soy uno más de los que sueña con ser recordado bajo el chilenisimo “aquel weón fue seco”, pero aquel gesto manifiestamente vanidoso no nace de un día a otro. Me encontraba cursando el segundo semestre de Diseño y me sumergía en inseguridades entorno al este, además hasta ese entonces tenia muy pocas reglas definitorias básicas, más bien tenia muy claro hace años que:
1) No quería bajo ningún punto ser ingeniero (sin duda nunca poseí los “talentos” necesarios, ni los quise, todos mis amigos soñaban con serlo y ante todo siempre, mi padre me dio a entender que por ese lado, no).
2) Siempre me interesó conocer gente muy diferente a mi, gente que me llevase la contra, que me sumergiera en otros mundos y que me enrostrara perspectivas diferentes de vida.
3) El diseño debía ser una forma de vida, una mirada del mundo diferente, no sólo mi carrera o mi cartón, debe ser la manera de sustentarme y realizarme siendo feliz.
Bueno, basta de latas, mi amor por la historia, siempre fué más amor que real capacidad (siempre tomé lo más superficial, busqué los héroes y olvidé las fechas ), pero creía que realmente terminaría siendo algo repelente al encontrarme con una profesora amarga, llamada Mara, cuyo curso sorteé sin problemas, no sin antes apelar a viejos métodos de estudios para recordar de memoria, como sentarme en una silla incómoda y comer chocolate o pastelitos (gordo, pero memorioso, ok!). Sus formas eran erráticas, frías, distantes, y basaba el respeto en el temor de su mirada y en lo tempranero del inicio a sus clases.
Hasta que…
Llegó el mentado semestre final y aparece la imagen del mejor profesor que tuve y tendré, Don Vladimir Babare, de estampa europea pensadamente desordenada, unida a un vestir sobrio e informal a la vez, mis compañeros que por ese entonces disfrutaban dibujar mi look andino (pelo liso tomado a fuerza, para amarrar con un mínimo de 11 vueltas que dejaran fijo mi poco pelo con un colet, unido a una prominente barba) en diferentes situaciones, francamente creativas (de superman, hombre goma…), bueno, estos memorables amigos inmediatamente al verlo lanzaron el apodo…”El Doc”, y es que su parecido con el añoso protagonista de “Volver al Futuro” era irrefutable, luego del acierto y las carcajadas correspondientes, vino su show. Se desplazaba por el aula con un desparpajo enorme, sus manos manejaban los tiempos de su relato, distendía el animo con bromas y risas, separó el tiempo académico en dos con un agradable “break” para aclarar dudas, tomar aire o fumar. Nunca lo vimos tomando un libro o fallando a alguna pregunta, alguna vez en época de exposiciones dejó en vergüenza a un provinciano amigo y compañero, con su inolvidable presentación sobre el creador de la Coca Cola, y alguna vez también nos llenó de rojos con un desafío conceptual de puntos sobre un papel (aún no sé como lograrlo), y también es memorable aquella vez que en una presentación con diapositivas de las piedras de algún lugar, nos apagó la luz y casi nos da las buenas noches al llamar a que si no querían ver la presentación podríamos dormir.
Alcancé a tomar las primeras dos Teorías del Diseño con él, y siento que nunca desde las altas esferas lograron dimensionar su calidad (envidias, quizás), y luego conocí la otra cara con un seudo profe que no merece mención alguna.
El asunto es que marcó sin duda mi amor por el Diseño, por la disciplina desde un punto global y fue el mentor de mi proyecto de titulo con una entrevista que amablemente me concedió en dos horas de casete sobre los orígenes del Diseño en Chile, los problemas de la actualidad y algunas soluciones de futuro.
Finalmente debo aclarar que bajo ningún punto fui su mejor alumno (aunque me eximí el primer semestre, jajaja), ni pretendí serlo, y es que eso no importa, pero la calidad y el talento de las personas si…
Al maestro con cariño, como dicen por ahí.


<< Home